Cómo grabar tus vídeos: trucos y nociones fundamentales

¿Tienes una actividad comercial, tal vez una tienda, una cafetería, un alojamiento turístico, una bodega? ¿Ofreces servicios profesionales o tienes una marca personal que quieras dar a conocer? ¿Quieres rodar un vídeo para comenzar a usar plataformas digitales? Sea el caso que sea, si lo que quieres es rodar tu propio contenido de videomaketing en este post te compartimos algunas recomendaciones fundamentales.

1. Graba siempre en horizontal

Hoy por hoy, no es necesario tener una gran cámara de vídeo (o de fotos que grabe vídeo, tipo DSLR) para poder tener un resultado final “aceptable”, ya que los móviles, para vídeos modestos y entendiendo sus limitaciones, dan resultados bastante válidos. Eso sí, por favor: ¡graba en horizontal! Los motivos de que tenga que ser así son varios, pero los más importantes son: 1. que salvando los teléfonos móviles, todos los demás dispositivos de visualización tienen formato horizontal (y los móviles también los tienen, rotando la pantalla) y 2. y más importante, porque es la posición natural de la vista humana. Vemos en horizontal, porque tenemos los ojos dispuestos uno al lado del otro, por lo que la visión en vertical de una imagen en movimiento siempre resultará menos natural y, por ello, menos “vivible“.

2. Cuida la iluminación

La luz es fundamental a la hora de crear buenos contenidos. Un vídeo oscuro o “quemado” (sobre-expuesto de luz) quita profesionalidad a la calidad final, y si nuestro vídeo ha de ser un reflejo de nuestra actividad o servicio, lo último que debemos mostrar es falta de calidad o de profesionalidad.

Si usas una cámara DSLR, intenta utilizar objetivos luminosos, estos son los que tienen un número F más bajo, o lo que es lo mismo, permiten una mayor apertura del diafragma y, por ello, más entrada de luz.

Un 1.8 o un 2 podrían ser suficientes, dependiendo del tipo de vídeo que se necesite. Y en caso de tener demasiada luz, emplea filtros de densidad neutra, para compensar.

Si por el contrario utilizas un teléfono smartphone (e incluso si lo haces con la DSLR), lo mejor sería contar con una luz exterior, tipo panel led. Varían en precio en base a la cantidad de leds que tengan, pero es una inversión que conviene hacer no ajustándose al mínimo.

3. La importancia del sonido

No: el sonido que capta la cámara o el móvil NO ES VÁLIDO. Por muy modesto que sea el sistema de grabación de sonido con el que se pueda contar, es imprescindible tener algún micrófono externo y una grabadora o, en su defecto, un micrófono condensador para DSLR. Los micro de corbata no están mal, si bien dejan mucho que desear con respecto a los unidireccionales o micros de cañón. Las grabadoras de sonido a las que se conectan pueden variar mucho también en precio y calidades, pero por muy sencilla que sea la opción que elijamos siempre será mejor que el micrófono de la cámara o móvil. Recuerda: si nos tenemos que esforzar para escuchar el vídeo, en el mejor de los casos no lo escucharemos y en el peor no nos llegará esa imagen de profesionalidad y claridad que se pretendía.

4. Músicas libres de derechos de autor

A la hora de ponerle banda sonora a nuestro vídeo tenemos que tener cuidado: el concepto “músicas libres de derechos de autor” no existe si el vídeo tiene fines comerciales. Es decir, si la música la descargamos para hacer un vídeo sobre nuestro último viaje en vacaciones, no habrá problema, pero si la vamos a usar como parte de un vídeo promocional o publicitario de nuestra empresa/negocio/actividad la cosa cambia… Quizá el autor nunca se entere (aunque no sea muy moral valernos de esa idea) pero muchas redes nos eliminarán el vídeo al detectar que la música es usada de manera “no legal”. Es el caso de Youtube, Facebook y Vimeo, entre otras. Ya no hablemos de si lo que decidimos usar para nuestro vídeo es un tema famoso. Nuestra recomendación: pagar por la descarga. La cantidad no suele ser muy alta y así estaremos tranquilos. Además, piensa que esos autores a los que evitamos no suelen ser músicos consagrados, sino profesionales que, como tú, intentan abrirse un hueco en su sector…

5. El contenido del vídeo

Hemos dejado este punto para el final, pero en absoluto es la parte menos importante: el contenido del vídeo puede ser mucho más importante incluso que la calidad técnica del mismo, ya que si la historia que nos cuenta es buena (y no se trata de una mera muestra comercial a modo de anuncio publicitario puro y duro) es posible que el contenido distraiga hasta al más experto de los técnicos. Ahora si el contenido es aburrido, extremadamente promocional o no cuenta nada ni genera ninguna emoción, contar con los mejores dispositivos y calidades no nos librará de que no se visto por nuestro público potencial. Actualmente está muy en auge el video marketing emocional: las principales marcas ya lo emplean, y no es por capricho, sino por resultados.

¡Mucho ánimo con ese vídeo y piensa que todo aprendizaje conlleva un “ponerse a ello”! 😉

La única cerveza que no te acerca alegría ni gusto este verano…

Un chiringuito de playa. Una ración de paella. Unos camarones. Unas aceitunas.

Un romance que comienza a la orilla del mar, con unas risas bañadas de la luz del sol que se pone.

Un chapuzón entre amigos. Salpicarse con el agua del mar. Jugar. Nadar. Surfear.

Una terraza de verano de noche. Las fiestas del pueblo. Una discoteca llena de colegas.

Todos estos escenarios serían perfectos para lo mismo: ¿para disfrutar del verano? Sí, también. Y ¡para beber una cerveza! Y así, por extensión, beber cerveza en verano se traduce en alegría veraniega, en relax, en amigos, en tapas y hasta en amores.

Por eso, no es casual, que durante años las empresas que comercializan cerveza se hayan valido de este tipo de recursos y escenarios para sus anuncios y promociones. No nos vendían cerveza: nos vendían felicidad en jarra fría y con espuma.

Y funcionaba. Y, por supuesto, funciona aún.

Pero entonces llega una marca de cerveza y rompe con toda esa alegría y ese placer: va y nos entristece la realidad, sencillamente, mostrándola.

Mediterraneamente“, – que ese es su eslogan – deciden enseñarnos ese Mediterráneo no como un lugar de festejos, risas, puestas de sol y pinchos de tortilla, que es el escenario idílico y alegre que todos presuponemos y que nadie espera vaya a cambiar, sino como un lugar frágil, en crisis y que podría dejar de ser el plató perfecto para la felicidad veraniega. Nos hace ver que hay algo más importante que un chiringuito de playa, una ración de camarones, un amor de verano, un baño de mar entre amigos o las fiestas del pueblo.

Nos quitan el sabor dulce de las publicidades anteriores, y nos acercan a un sabor amargo que nada tiene tampoco que ver con el de la cebada de su producto.

El resultado: un éxito.

O mejor dicho, dos: uno a nivel de marketing, otro a nivel de concienciación ambiental. El segundo, por supuesto, en pro del primero, pero no por eso menos válido.

Es un maravilloso ejemplo de videomarketing emocional; en ningún momento, en todo el anuncio, vemos la cerveza. Ni en un solo plano del vídeo se nos muestra el producto. Solo al final sale, a modo de créditos, el logo de la cerveza en cuestión. Rompiendo con lo tradicional, con lo convencional, con lo que ya funcionaba, y mucho. Tocándonos la fibra: esa, que es – y debe ser – más fuerte que el deseo de tomarse una cerveza. La realidad del plástico en los mares y océanos no es un asunto de actualidad menor y, por descontado, compromete la continuidad de las maravillosas escenas en playas de las que se valen muchas industrias, y no solo la cervecera, pero va mucho más allá; nos afecta a todos, bebamos o no cerveza.

Puede no gustarte el verano, el mar o la paella. Puedes huir de los chiringuitos de playa o de las terrazas de verano. Pero de la realidad ambiental, nadie se escapa. Y a todos nos toca – o debería tocarnos – el corazoncito.

Eso es, exactamente, el videomarketing emocional: en un tiempo y un mercado en la que la competencia es brutal en todos los sectores y para todos los productos, ya no nos vale el “mi cerveza es la que mejor sabe”. Existe el marketing responsable y la responsabilidad social corporativa porque los hábitos del consumidor han cambiado – y siguen haciéndolo -; porque ya no nos importa tanto qué cerveza sea la que nos pone felices en verano, pero cada vez nos importa más que el verano siga teniendo playas limpias. Por suerte, empezamos a comprar basándonos en el compromiso, en la sostenibilidad, en el comercio (más) justo y en valores que, hace unos años, no eran tan competitivos. Por suerte, para todos, hoy lo son y la tendencia es que, cada vez, lo sean más.

Son datos contrastables y visibles: estamos eliminando los plásticos de un solo uso, así se lo pedimos a las superficies comerciales, y así lo están haciendo. Existe una clientela que está dispuesta a pagar un poco más por la agricultura ecológica, por los huevos de gallinas camperas en lugar de las enjauladas de por vida, o por los productos de comercio justo. Pero el compromiso con el entorno no lo planteamos de forma aislada: lo hacemos nosotros y lo esperamos de los productos que compramos.

Sí: el fin último del marketing emocional sigue siendo vender un producto. Las empresas no se convierten en ONGs, está claro, pero tampoco debe ser esa la pretensión. Se trata de tocar la fibra de los consumidores mediante las emociones y, en muchos casos como el de esta campaña de cerveza, apostando por algún tipo de valor, ambiental o social. Y ya solo eso, o mejor dicho ¡TODO ESO!, es un avance.

Seguiremos siendo una sociedad de consumo, pero ahora tenemos la esperanza de conservar el único lugar en el que podemos consumir…

Aquí les dejamos el vídeo.

Y feliz verano a todos, con o sin cerveza… 😉