Nace Quality Filming, la primera empresa de consultoría ambiental y de sostenibilidad especializada en el sector audiovisual

Son muchos los sectores económicos que ya se han sumado a las prácticas sostenibles y/o ecológicas. Sin embargo, y a diferencia de estos, el sector audiovisual se ha mantenido al margen durante años de este tipo de estándares, políticas operativas y certificaciones.

Esta desvinculación con el compromiso con el medio ambiente y con la sostenibilidad en general, no tiene razón de ser, ya que se trata de una actividad que, refiriéndonos especialmente a las grandes producciones aunque no de manera exclusiva, genera consumos ambientales, sociales y culturales realmente significativos: grandes sets de rodajes, tanto en interiores como en exteriores, que comportan importantes consumos energéticos para la iluminación y el acondicionamiento; desplazamiento de numerosos equipos de trabajo, en muchas ocasiones, incluyendo transportes aéreos; catering y utensilios desechables; suministros de agua, tanto para la generación de escenas, como para el propio desarrollo del rodaje; generación de grandes cantidades de residuos sólidos urbanos y de residuos clasificados como peligrosos y especiales; etc.

Ya desde el año 2006, un estudio de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) sacaba a relucir que la industria audiovisual en Los Ángeles suponía una mayor contribución a las emisiones de CO2, en relación con su tamaño, que la mayoría de las industrias principales, a excepción solo del refinado de combustible.

Pero el impacto no se limita a la variable ambiental de la sostenibilidad: aspectos socio-económicos y culturales pueden verse en gran parte comprometidos o, por el contrario, mejorados, a raíz de la producción audiovisual.

UNA CERTIFICACIÓN NECESARIA: “SUSTAINABLE Filming”

Teniendo en cuenta estos datos, y tras la aprobación y publicación en 2015 de la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible de la ONU, que incluía los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, nace QUALITY Filming, una colaboración entre productoras de cine y empresas de consultoría especializadas en implantación de normas y sistemas de gestión medioambiental, y se crea el estándar de certificación “SUSTAINABLE Filming ®”, con el propósito fundamental de implantar medidas de sostenibilidad orientadas a lograr los 17 ODS de las Naciones Unidas, desarrolladas de manera específica para las particularidades del sector del cine y las series, pudiendo, además, ser reconocidas como factor diferenciador de calidad y de compromiso con el entorno.

El Sistema de Certificación en Sostenibilidad para empresas audiovisuales “SUSTAINABLE Filming”, puede reconocer y certificar una empresa audiovisual como “Empresa Audiovisual Sostenible” cuando estas adquieren el compromiso fehaciente con los principios de sostenibilidad e implanten los requisitos del estándar.

Una vez verificado el cumplimento de los requisitos, la empresa viene reconocida con el certificado SUSTAINABLE Filming ®, que es verificado en periodos sucesivos en revisiones de seguimiento.

Las empresas que pueden optar a este tipo de certificación son todas aquellas que desarrollen actividades de:

– Producción de contenidos de ficción (incluidas películas y series)

– Producción de contenidos de animación (incluidas películas y series)

– Producción de contenidos documentales (incluidas películas y series)

– Producción de contenidos publicitarios

– Estudios y platós

– Posproducción de contenidos

– Ventas y distribución

– Emisión de contenidos (freeTV, payTV, VOD, SVOD)

– Festivales y emisiones en salas

– Service de producción para rodajes

– Alquiler de material audiovisual

– Representación de talentos

Entre las principales ventajas de esta certificación se encuentran:

– el servicio de asesoramiento, seguimiento y apoyo a la implantación con el que cuentan las empresas que deciden implantar el estándar y certificarse;

– la competitividad del precio, viable y asequible para todo tipo de empresa y volúmenes de negocio;

– el propio estándar de certificación, creado desde su concepción por profesionales que conocen y entienden el sector y sus particularidades, no siendo necesaria la adaptación de requisitos de certificados pensados para otras actividades industriales.

OTRAS OPCIONES DE GESTIÓN Y CERTIFICACIÓN

QUALITY Filming, como consultoría de calidad y medio ambiente especializada en el sector audiovisual, ofrece igualmente servicios de implantación de otros sistemas de certificación medioambiental, como es el caso de las normas ISO 14001 o el Reglamento EMAS, a empresas audiovisuales de manera exclusiva. Para las auditorías de estas certificaciones, QUALITY Filming mantiene acuerdos con las principales entidades de certificación y auditoría a nivel internacional, y con auditores con acreditación IRCA.

La norma ISO 14001 es un elemento de reconocimiento y valor añadido internacional, y el número de empresas que implantan y certifican la gestión ambiental muestra una clara tendencia al aumento anualmente.

(Número total de certificaciones ISO 14001 en todo el mundo (Fuente: Encuesta ISO 2017). Las áreas con la mayoría de los certificados ISO 14001 son Asia oriental y el Pacífico (189.505) y Europa (120.595). El crecimiento promedio anual en número de certificados es superior al 10%, destacando el año 2016, donde se produjo un incremento del 17% en relación al año anterior. El país con el mayor número de certificados es China (165.665), seguido de Japón (23.901), Italia (14.571), Reino Unido (17.559), España (13.053) y Alemania (21.176).)

BENEFICIOS PARA EL SECTOR Y NECESIDAD DE SU APLICACIÓN A NIVEL ADMINISTRATIVO

El sector audiovisual tiene una fortaleza que ninguna otra actividad industrial tiene al mismo nivel: su alcance al público. La capacidad de comunicar del cine y de las series trasciende los contenidos de sus propias obras, ya que no solo estas tienen seguidores, sino que son también las empresas las que logran captar la atención de los espectadores. Por ello, la actitud responsable y comprometida con la sostenibilidad puede redundar en un efecto llamada que genere conciencia y que, a la vez, se valore mucho más que en otros sectores.

Este tipo de certificaciones comienzan a marcar la diferencia en términos de competitividad y de valor añadido, y en un sector tan creativo y competitivo tienen aún más sentido, si cabe. Por medio de este tipo de acciones se logra una imagen más acorde a las nuevas exigencias de los consumidores/espectadores, especialmente de algunos países: el marketing responsable y la responsabilidad social corporativa son cada vez más frecuentes porque los hábitos del consumidor han cambiado, y siguen haciéndolo. Son datos contrastables y visibles: desde la eliminación de los plásticos de un solo uso, a la apuesta por una alimentación más sana y ecológica, o los productos de comercio justo. El consumidor, en general y con independencia del producto consumido, promueve un compromiso con el entorno, pero no lo plantea de forma aislada: lo espera también de los productos que demanda y finalmente adquiere.

Otra ventaja que conlleva la implantación de este tipo de sistemas y certificaciones es la relativa a ahorros económicos a medio plazo: la implantación de muchas de las medidas necesarias se terminan traduciendo en una reducción de costes de la actividad.

UN EQUIPO QUE TRABAJA EL SECTOR… Y LA GESTIÓN AMBIENTAL CERTIFICADA

Una combinación poco frecuente de perfiles supuso un desafío de cara a crear un equipo que desarrollara y ofreciera estos servicios: no debía ser un equipo de auditores. Tampoco debía ser un grupo de consultores ambientales. No se trataba de un equipo compuesto por profesionales del sector audiovisual.

Tenía que ser un equipo de auditores expertos en gestión ambiental, pero que conocieran lo suficientemente bien la industria audiovisual como para entender sus particularidades de cara a establecer requisitos, o adaptar los de las normas ISO.

Por lo tanto, era necesaria la tarea de consultores ambientales que también hubieran trabajado en empresas de producción audiovisual.

Eso es lo que hace especialista al equipo de QUALITY Filming.


La única cerveza que no te acerca alegría ni gusto este verano…

Un chiringuito de playa. Una ración de paella. Unos camarones. Unas aceitunas.

Un romance que comienza a la orilla del mar, con unas risas bañadas de la luz del sol que se pone.

Un chapuzón entre amigos. Salpicarse con el agua del mar. Jugar. Nadar. Surfear.

Una terraza de verano de noche. Las fiestas del pueblo. Una discoteca llena de colegas.

Todos estos escenarios serían perfectos para lo mismo: ¿para disfrutar del verano? Sí, también. Y ¡para beber una cerveza! Y así, por extensión, beber cerveza en verano se traduce en alegría veraniega, en relax, en amigos, en tapas y hasta en amores.

Por eso, no es casual, que durante años las empresas que comercializan cerveza se hayan valido de este tipo de recursos y escenarios para sus anuncios y promociones. No nos vendían cerveza: nos vendían felicidad en jarra fría y con espuma.

Y funcionaba. Y, por supuesto, funciona aún.

Pero entonces llega una marca de cerveza y rompe con toda esa alegría y ese placer: va y nos entristece la realidad, sencillamente, mostrándola.

Mediterraneamente“, – que ese es su eslogan – deciden enseñarnos ese Mediterráneo no como un lugar de festejos, risas, puestas de sol y pinchos de tortilla, que es el escenario idílico y alegre que todos presuponemos y que nadie espera vaya a cambiar, sino como un lugar frágil, en crisis y que podría dejar de ser el plató perfecto para la felicidad veraniega. Nos hace ver que hay algo más importante que un chiringuito de playa, una ración de camarones, un amor de verano, un baño de mar entre amigos o las fiestas del pueblo.

Nos quitan el sabor dulce de las publicidades anteriores, y nos acercan a un sabor amargo que nada tiene tampoco que ver con el de la cebada de su producto.

El resultado: un éxito.

O mejor dicho, dos: uno a nivel de marketing, otro a nivel de concienciación ambiental. El segundo, por supuesto, en pro del primero, pero no por eso menos válido.

Es un maravilloso ejemplo de videomarketing emocional; en ningún momento, en todo el anuncio, vemos la cerveza. Ni en un solo plano del vídeo se nos muestra el producto. Solo al final sale, a modo de créditos, el logo de la cerveza en cuestión. Rompiendo con lo tradicional, con lo convencional, con lo que ya funcionaba, y mucho. Tocándonos la fibra: esa, que es – y debe ser – más fuerte que el deseo de tomarse una cerveza. La realidad del plástico en los mares y océanos no es un asunto de actualidad menor y, por descontado, compromete la continuidad de las maravillosas escenas en playas de las que se valen muchas industrias, y no solo la cervecera, pero va mucho más allá; nos afecta a todos, bebamos o no cerveza.

Puede no gustarte el verano, el mar o la paella. Puedes huir de los chiringuitos de playa o de las terrazas de verano. Pero de la realidad ambiental, nadie se escapa. Y a todos nos toca – o debería tocarnos – el corazoncito.

Eso es, exactamente, el videomarketing emocional: en un tiempo y un mercado en la que la competencia es brutal en todos los sectores y para todos los productos, ya no nos vale el “mi cerveza es la que mejor sabe”. Existe el marketing responsable y la responsabilidad social corporativa porque los hábitos del consumidor han cambiado – y siguen haciéndolo -; porque ya no nos importa tanto qué cerveza sea la que nos pone felices en verano, pero cada vez nos importa más que el verano siga teniendo playas limpias. Por suerte, empezamos a comprar basándonos en el compromiso, en la sostenibilidad, en el comercio (más) justo y en valores que, hace unos años, no eran tan competitivos. Por suerte, para todos, hoy lo son y la tendencia es que, cada vez, lo sean más.

Son datos contrastables y visibles: estamos eliminando los plásticos de un solo uso, así se lo pedimos a las superficies comerciales, y así lo están haciendo. Existe una clientela que está dispuesta a pagar un poco más por la agricultura ecológica, por los huevos de gallinas camperas en lugar de las enjauladas de por vida, o por los productos de comercio justo. Pero el compromiso con el entorno no lo planteamos de forma aislada: lo hacemos nosotros y lo esperamos de los productos que compramos.

Sí: el fin último del marketing emocional sigue siendo vender un producto. Las empresas no se convierten en ONGs, está claro, pero tampoco debe ser esa la pretensión. Se trata de tocar la fibra de los consumidores mediante las emociones y, en muchos casos como el de esta campaña de cerveza, apostando por algún tipo de valor, ambiental o social. Y ya solo eso, o mejor dicho ¡TODO ESO!, es un avance.

Seguiremos siendo una sociedad de consumo, pero ahora tenemos la esperanza de conservar el único lugar en el que podemos consumir…

Aquí les dejamos el vídeo.

Y feliz verano a todos, con o sin cerveza… 😉