El oficio de contar historias… ¿solo uno?

(Por Jeniffer Castañeda García – novelista y guionista de NOSTRANA Films)

Todo comienza con una idea: puede que surja de una experiencia que has vivido, de algo o alguien que ves por la calle, o de una historia que te cuentan. Sea como sea, tienes una idea… ¡tu idea! y quieres desarrollarla, darle forma: convertirla en una historia.

La pregunta, es cómo.

Me atrevería a decir que si la idea es buena, muchas veces, la historia puede funcionar tanto en narrativa audiovisual como en formato literario: el problema no es ni la idea ni la historia que sacamos de ella, la cuestión, por el contrario, es cómo desarrollarla correctamente dependiendo de qué tipo de narración queramos darle.

Literatura y cine se escriben en lenguajes completamente diferentes. Es así, sin exageración. Partiendo del formato que se debe respetar (tipografía, márgenes, tamaños de letras, tabulaciones, etc.) a la hora de escribir guiones, casi “obligatorio” , mientras que para el caso de novelas y libros los formalismos estilísticos son bastante más flexibles, al propio contenido del texto. En literatura existen los adjetivos, en un guión… no tanto. En literatura pueden existir los recursos casi poéticos, en un guión, la base está en los actings. Pongamos un ejemplo, el de “Juan”. Para ponernos en situación, imaginemos que Juan acaba de perder a su pareja en un trágico accidente, y vuelve (solo) a su apartamento en el centro de “La ciudad de nuestra historia”. Es una tarde de otoño, llueve y el cielo está completamente cubierto de nubes, gris. ¿Cómo se siente Juan? ¿Cómo describimos ese momento en el que llega a su apartamento frío, y no solo por el tiempo? Empecemos por cómo podría narrarse ese momento en una novela:

El ascensor llegó a la sexta planta. Juan salió del pequeño habitáculo de paredes de mármol y comenzó a caminar hacia la puerta de su casa. El sexto “B”. Se fijó por un momento en la B de la puerta, tenía una pequeña mancha de óxido en una de las curvaturas de la letra. Sacó las llaves del bolsillo de su pantalón e introdujo la de mayor tamaño en la cerradura. Despacio, como si el metal de la llave pesara más que el edificio entero, la giró y abrió la puerta.

Se quedó allí, plantado. Bajo el dintel de la puerta, sin cruzarla. Observaba la casa, gris, vacía, fría. Sintió un temblor en sus piernas y un tintineo en su pecho que nada tenía que ver con el latido de su corazón. Sintió hielo en sus venas.

En la calle llovía. En aquel apartamento… también”.

Puede gustarte o no esta forma de contarlo (por supuesto, no somos croquetas… no podemos gustarle a todo el mundo), pero te guste o no, lo que no puedes hacer es contar algo así si tu objetivo es un guión. Veamos cómo sería esa misma escena, en ese caso:

“INT. PASILLO DE LA SEXTA PLANTA – DÍA

La puerta del ascensor de abre. JUAN (39) sale del ascensor y camina hacia la puerta B. Al llegar a ella, se detiene, observa la letra B.

En la letra, una pequeña mancha de óxido. JUAN la mira.

JUAN busca en el bolsillo de su pantalón las llaves de la casa. Las coge y, despacio, las introduce en la cerradura de la puerta. Gira la llave lento y abre la puerta.

JUAN está de pié bajo el marco de la puerta. Observa la casa, serio, con mirada perdida. Sus piernas tiemblan.

En la ventana de la casa, gotas de lluvia se deslizan por el cristal.”

Ningún estilo es mejor que el otro, sencillamente, son diferentes. Los libros nos dan unas cosas, el cine otras. En la escritura literaria, podemos meternos en el alma de nuestros personajes y describirla: el alma no se puede grabar con una cámara, por lo que tenemos que ser capaces de narrar esas emociones con acciones.

En literatura, el tiempo narrativo y personal es libre; en guión, se escribe en tercera persona y en presente del singular.

Por eso, antes de sentarte a escribir, es fundamental que te plantees que tipo de narración persigues y, en base a ella, trabajar: una mayor introspección en la lectura o más dinamismo visual en la pantalla. Ambas son experiencias maravillosas, aún con sus diferencias… Y, a parte, siempre pueden quedar las adaptaciones.

Lo importante… es contar historias. 😉

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